Cándido y la Semana Mundial del Hombre

Por: J. A. Zambrana

(Derechos reservados)

Me botaron del trabajo en plena crisis económica; la bancarrota fue inevitable, y los temores a la Junta, a Trump y la miserable reforma de Risky, hacen difícil, a veces imposible, conseguir lo suficiente para la comida del mes y la hipoteca. Cuando ya estaba a punto de resolver mis asuntos pegándome un tiro, escuché una voz decir: “Identifica algo que los demás necesiten y véndelo; básica oferta y demanda”. “La voz de Dios”, me dijo después mi esposa. Pero no, qué Dios de qué carajos, era Leonardo DiCaprio en una escena de El lobo de Wall Street, que estaba puesta en la TV. Por eso me emocioné al enterarme que se acercaba la semana de la mujer y ver los anuncios de lujosos hoteles en los que se celebrarían decenas de eventos multitudinarios, con cargadas agendas de actividades variadas para honrar a las mujeres. No sabía que existían tantos cursos de auto ayuda y motivación, copaban la mayoría de los eventos, todos enfocados, exclusivamente, en las féminas. También había entrenadoras para técnicas de ejercicios aeróbicos en todas sus variantes; cursos de maquillaje y embellecimiento personal, preparación y lectura de cartas astrales, segmentos de comedia con actores que ya no pisan tablas, y presentaciones de cantantes que hace años no pegan un éxito ni graban un disco.

Al ver que tantas personas estarían aglutinadas en un mismo lugar, identifiqué mi oportunidad. En mi línea de trabajo me topo a diario con la pésima capacidad de redacción, de la mayoría de las personas de este país. Por esa razón desarrollé un taller educativo que incluye técnicas de redacción y preparación de documentos necesarios para todo aquel que pretende vivir en una sociedad tan ordinaria y técnica a la vez. Desde resumés, solicitudes de empleo, cartas y hasta demandas de individuos. Un paquete de recursos que todos y todas deben conocer, para infinidades de situaciones de vida, tanto profesionales como cotidianas.

Para mi sorpresa, el producto no tuvo la acogida que esperaba, de hecho, con vergüenza digo que no tuvo acogida alguna. Los organizadores… corrijo: las organizadoras de una de las convenciones que se celebraría en el Hilton, una del Gobierno, me dijeron que sus empleadas no necesitaban ese tipo de adiestramiento, que con pasos de comedia, cursos para maquillarse y muestras de cosméticos, las mantenían contentitas y sin protestas. En el Hotel San Juan, me dijeron que sonaba interesante, pero, ya habían gastado todo el presupuesto en la conferencia de autoayuda de la presentadora de televisión que casi fue Primera Dama; “trate el año que viene”. En otro, las organizadoras me preguntaron ¿qué tenía mi producto, que fuera especial para las mujeres? Cuando les contesté que era útil para cualquier persona, me miraron con el asco con que se mira un indigente que acaba de mearse encima. Me pidieron que me marchara, sin gracias ni despedidas. En un evento de una asociación de mujeres, madres, solteras y profesionales, estuvieron muy interesadas, hasta que se enteraron que el conferenciante sería yo. “¿Qué si no tenía alguna mujer para darlo?”, me preguntó la presidenta del grupo, con cara de que cometería un gravísimo pecado, si permitía la presencia de un hombre en su sacrosanta congregación; como un atentado a la honra y la virginidad de las participantes.

El último lugar que fui, antes de darme por vencido, era dirigido por mi hermana mayor y su esposa, ambas abogadas, aunque mi cuñada dice que su profesión es ser activista. Pienso que en el fondo, siempre quiso ser actriz y por eso hace de todo en la vida un drama. Es divorciada y cedió la custodia de sus tres hijas al ex esposo, porque ella necesitaba vivir la vida y los hombres necesitaban aprender a cocinar y cuidar los hijos, para obligarlos a compartir la humillación del sometimiento. Cuando escucharon la propuesta, mi hermana estaba interesada y a punto de decir “sí”. Pero, la femino-nazi de su esposa, se alteró de forma desproporcional y me gritó que me largara. “Porque esa actitud de sabiondo comprensivo, responde a tu marcada tendencia de prepotencia neo-machista, disfrazada de condescendencia y amabilidad”, me dijo con rabia y desprecio, y con la voz enredada, como si estuviese ebria. Decía que ella no tenía nada que aprender de un hombre; que sólo servimos para preñar y cambiarle las ruedas a los carros. Que los tipos como yo, le permitimos a la mujer progresar porque tenemos muy claro para nosotros, que siempre seremos superiores. Cuando traté de interrumpirla para aclararle que estaba equivocada, me gritó, como loca, que pronto llegaría el momento en que las mujeres harían uso de su superioridad numérica y se encargarían de nosotros; que me quería ver ese día. Mi hermana, avergonzada, no se despidió y se la llevó de inmediato, mientras la loca actriz reprimida, seguía su performance gritando cosas acerca de Donald Trump, de Héctor O’Neill y algo acerca de su ex marido y una pensión. Después me enteré que, en efecto, estaba borracha como un perro e histérica porque su ex (el padre, madre y custodio de sus tres hijas), acababa de pedir, ante un Tribunal, un aumento en la pensión alimenticia. “¿Cómo pretenden que una mujer pueda pagar semejante cantidad de dinero sólo para los hijos?” gritaba, mientras mi hermana casi la arrastraba al carro. Todo un lloriqueo de macho que no quiere alimentar sus hijos, pensé sin comentar.

Los insultos de aquella mala versión de Meryl Streep, me hicieron sentir un extraño cargo de conciencia, por algo que estaba seguro que no había hecho. Lo que me hizo pensar y preguntarme: ¿Cuántos hombres habrá por ahí, que sienten eso que sentí yo? Un sentido de culpa generalizada, por los machos abusadores y las damas sumisas que escribieron la historia y establecieron las costumbres de otro tiempo, en que el abuso contra la mujer era como un pasatiempo familiar. ¿Por qué no hacemos una semana del hombre? Una semana con cientos de actividades, y de vez en cuando, con una amenaza de paro; ya te hago un cuento de lo que pasaría si los hombres no salimos a trabajar una mañana; sin necesidad de bloquear avenidas, sólo con quedándonos en casa. Y que participen todos los hombres, al carajo la orientación sexual y las preferencias: si tiene pene, es hombre; si le corre testosterona en la sangre, es hombre; que importa si le gustan las totis o los pipis. Que vengan todos, desde el macharán que mezcla cemento en la construcción, casado y con hijos, hasta el imitador de Madonna, que vive con una tía y dos gatitos. Incluso mujeres que, en el fondo de sus tripas, se sientan hombres, también son bienvenidas. Nada de juicios ni preguntas, sólo comprensión y un fuerte abrazo fraternal, con la firmeza con la que sólo un hombre puede abrazar. Ya es tiempo de pasar el capítulo, orgullecernos de lo que somos y no discriminar entre nosotros.

Tendremos nuestra propia carrera de 10ks (los 5ks son para personas con menos capacidad atlética) Se llamará: Divos (A gentleman thing). En la que seremos recibidos en la meta, por strippers profesionales de ambos sexos, no discriminaremos con las pobres bailarinas exóticas, a quienes cada día, por culpa de otras mujeres, se les hace más difícil ganarse la vida. Habrá competencias de pulseo, de baile; competencias de wet-tshirts para los trans con implantes y hombres tetudos; torneos de billar y póker, con sexys mujeres crupieres, traídas de Las Vegas; competencias de eructos y flatulencia. Cursos para brillar carros y trabajar la madera; terapias de manejo de ira ante las presiones de la novia que empuja el matrimonio y las esposas muy mandonas. También un Drag-Queen Contest, con corona y todo. Tendremos damas expertas en el arte de la seducción, que nos enseñarán las frases y movimientos correctos para conquistar a otras damas y sin gastar mucho dinero. Seminarios para los que no se han atrevido a salir del closet. Sexys maestros y maestras de yoga; masajistas con cuerpos de gimnasio. Tendremos de todo lo que un hombre desea y necesita; no importa su orientación ni preferencia. ¡Porque hombres debemos ser todos, coño!

Y no haremos como nuestras compañeras habitantes del mundo: las mujeres. Nada de eso. No podemos sentarnos a llorar y lamentar nuestra desgracia; ni a echar culpas ni reproches ni darle metidas de dedo en los ojos ni echarle la culpa de todo al resto de la humanidad. Como ya han podido darse cuenta, las mujeres serán bienvenidas a las actividades de nuestra semana, incluso, será un orgullo informarle al mundo, que todos los servicios los ofrecerán nuestras queridísimas amigas. Serán ellas quienes nos servirán la comida y recogerán las sobras; serán buenas mujeres, las que limpien cuando nos marchemos. Los adiestramientos serán dados por mujeres. A nuestros hermanos los trans, serán mujeres quienes los maquillen, les peinen y les enseñen esos secretos de belleza que se reservan para seducirnos. Nuestra meta no será aniquilarlas, para nada; sólo queremos convivir tranquilos junto a ellas.

Ya basta de guerras internas y conflictos nimios entre nosotros, sólo porque a algunos les gustaba jugar con Barbies o ponerse lápiz labial o mirarle el culo Ricky Martin, y a otros, los “GI-Joes” y autosatisfacernos con las Playboys de nuestros padres, viejas y con las páginas pegadas. La historia nos ha demostrado que eso nunca debió ser un problema, cada quien a lo suyo y que impere el respeto a los demás compañeros y camaradas de la testosterona. ¡Y claro que podemos usar los mismos baños, coño! Sólo así nos enfrentaremos a las verdaderas amenazas y problemas reales que nos acechan; como la superioridad numérica de las chicas y esos deseos de borrarnos del planeta o ponernos a vivir en campos de concentración. Para ser obsoletos sólo falta que en algún laboratorio se invente la inseminación artificial sin la necesidad de esperma, ya que Michelín inventó una goma de carro que no hay que cambiar porque no se vacía nunca.

Creo que no debe haber días ni semanas ni años ni ninguna unidad de medir el tiempo, dedicada a raza, género, color o nacionalidad. Aspiro a un mundo en el que cada día sea día del ser humano. Y si humano no le gusta porque suena masculino, pues que cada día sea de la gente, de las personas. ¿No se trata de eso la igualdad? Pero sólo por si acaso, por si resulta cierta la amenaza de mi borracha cuñada, mantengámonos alerta y creemos nuestro propio movimiento. Porque si algún día ellas dominan, alguien cree que nos permitirán ser hombres. Pues claro que no, nada que contenga testosterona saldrá con vida. Con las imágenes anti-hombres y fémino-nazis que se ven durante la semana de la mujer, entre los chocolates, las flores y las monerías de la autoayuda, es evidente que nos castrarán de las peores y más humillantes formas. Parece ser que la lucha por ser todos iguales, es como una guerra cualquiera en la que se pretende lograr la paz con el uso de la fuerza y la imposición. En lo que el mundo aprende el significado de la palabra igualdad y deja las clasificaciones a un lado, debemos tener a las chicas muy cerca, conocerlas lo mejor posible; en mente y a cuerpo completo; hasta en sus más oscuros rincones, en especial esos rincones. Hacerles creer que ganan, que avanzan en nuestro terreno. Sin que se den cuenta, debemos prepararnos y educarnos más; tratarlas como sólo a ellas les gusta que las traten; después de todo, no son hombres, sienten distinto. Sólo con ternura, evitamos que se rebelen; así que a darles cariño, ¡carajo!

Y no olviden: no carguemos con culpas que no nos corresponden, y que no se nos olvide nunca que somos hombres, y debemos sentirnos orgullosos. ¡Porque macho puede ser cualquiera, incluso las mujeres!

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