El sonido de la ausencia, suena En Tinta Fresca

La reseña

         Un sonido lejano, pero constante, se fue haciendo intenso y agudo, hasta despertarlo. Era el teléfono, que se detuvo sin darle tiempo a responder. La profundidad del sueño manejaba sus torpes movimientos. Cuando se incorporaba para verificar quién llamó, sonó nuevamente y contestó. “Hola”, dijo con la voz de notas graves, provocada por el filtro de distorsión que traen los despertares abruptos, de las mañanas precedidas por trasnochadas en compañía del vino y otros espíritus. “¿Viste el periódico? ¿Leíste la reseña?”, preguntó la voz al otro lado, con la alegría y la euforia de quien se despertó cuatro horas antes y ya rondaba la quinta taza de café; buen café, nada de brevas plebeyas de las que se toman en las casas, restaurantes o cafeterías del noventicinco porciento de la sociedad de este país y quizás del mundo; una poción oscura, no apta para paladares ordinarios ni estómagos sensibles. “No. ¿Cuál?”, contestó el semidormido, quien ya empezaba a entender lo que pasaba. “La de tu libro, morón. ¿Te voy a llamar para otra?”. Cayó con la cabeza apuntando al techo, y con el mismo impulso, como resorte, se levantó de la cama. “No”, dijo nervioso y apenas escuchó el resto de las palabras de su emocionado amigo; sólo atinó un: “Léela y me llamas”. Lanzó el teléfono sobre la mesa de noche, agarró las llaves y sin ponerse camisa ni zapatos, caminó hacia la guarida provisional del periódico: el buzón afuera de la casa. Cuando abrió la puerta principal, se disponía a hacer un reconocimiento relámpago de las casas cercanas, para evitar ser visto en esa facha de prenda menor. Pero, el sol le conectó un jab de izquierda, directo a las retinas que hizo que sus ojos perdieran el foco de todo, excepto del objetivo. Se arriesgó al gancho de derecha al orgullo que le proporcionaría el saludo de algún vecino, y dejándose llevar por el instinto y los ardorosos destellos de luz que percibían sus ojos, casi cerrados, caminó como zombi sobre la grama húmeda, abrió la puertecilla, sacó el diario y corrió de regreso, sin que importara la vieja que siempre mira por la ventana y todo lo comenta. Una vez cubierto y protegido por las sombras cotidianas, abrió el periódico y pasó las páginas, le pareció inmenso y con demasiados anuncios. Cuando la encontró, no leyó de inmediato; primero respiró profundo y miró el reportaje y la foto. Luego, con la sensación de que caminaba hacia un cadalso con una enorme hacha sangrante, hacia un patíbulo con una ametralladora cargada de palabras letales, comenzó a leer…

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         Gracias a José Borges, escritor y crítico de El Nuevo Día, por su buena y hasta conmovedora reseña de mi libro, hoy, 22 de enero de 2017. Pienso que su trabajo de crítica literaria, todo el año, en el que presenta de forma respetuosa y elegante, su conocedora opinión acerca de una amplia y diversa cantidad de libros, es de mucho valor e importancia, para fomentar el interés en la lectura, que se sigue perdiendo con una velocidad cruel. Resalto las palabras “respetuosa” y “elegante”, ya que en algunos foros, las palabras: crítico, pedante e irrespetuoso, van agarradas una de otra. Además, su capacidad de lectura es digna de respeto, Borges, es también profesor de Creación Literaria, y debe pasar largas horas nadando en letras de todo tipo, de las que le gustan y las que no. Pero, más que por sus gentiles y (modestia aparte) muy atinadas palabras, acerca de El Sonido de la ausencia, le doy al compañero José Borges, las gracias más honestas y eufóricas, por tomarse el tiempo de leerlo, de “escucharlo” y descifrarlo, y, más allá de conceptos y clasificaciones, compararlo con un “álbum concepto de los años setenta”, porque así lo vi, así lo sentí cuando lo escribí, y es un honor saber que otros buenos lectores, lo pueden entender igual.

         Lo escribí como un largo video musical de otro tiempo; como se veían mis pensamientos, las veces que he escuchado Dark side of the moon, durante algún momento trascendental o doloroso; como la vez aquella, durante la escuela, en que después de un pitillo y con mescal servido en la botella, vi completa la película The Wall, y cambió mi concepción de lo que era una película. También hubo algo de lo que experimenté cuando, en Pulp Fiction, vi reaparecer, descaradamente, a Vincent Vega (Jonh Travolta), salir caminando al final de la película, después de haber sido asesinado por Butch, el boxeador (Bruce Willis). Nada de fantasmas, sólo juegos con el tiempo, y me apasionan los juegos. Y por supuesto, no pudo faltar, la sensación de desconcierto encantador, que me dejaron muchas, muchas lecturas enloquecedoras, entre ellas la Rayuela (ruta alterna), cargadísima de música y dolor, Si una noche de verano un viajero, una locura que transgrede casi todo, Cuentos de amor y locura, y muchas otras. Estuvo incluido en el proceso de escritura, una muy, pero muy gruesa capa de un barniz, en extremo inflamable, confeccionado con vino, whisky, vodka y otros espíritus de grados probados. Y, como “la vida sin música es un error”, cada  tecla de cada letra, en todas las palabras fue acompañada con música que, como la orquesta del Titanic, nunca dejó de tocar, por más hundido que me encontrase en la trama, ni en sus momentos más siniestros.

          Gracias a Lord Emilio del Carril, no existe mejor editor. Un gran mentor, guía y amigo, que siempre me llevó por la vía de la perfección técnica y la estética, aunque varias veces (a conciencia) me salí de la línea. Fue como el chinito sabio y calvo, de la serie Kung Fu, pero con una moderna cabellera, y sin la vara de lo azotes, claro está, porque la hubiese usado muuuchas veces. Gracias a Osvaldo Ozman Budet (la bestia de la tinta), Awilda y Nicole. Gracias a Diana, Brandon y Adriana, que se sacrificaron de muchas formas para que el proyecto se completara. Y sobre todo, gracias a los lectores que llaman o escriben y me causan serias erecciones en el ego, con los buenos comentarios y exhortaciones a que continúe escribiendo locuras. El sonido de la ausencia, está disponible en: Librería La Tertulia (Río Piedras y El Viejo San Juan); Librería Norberto González y Librería Mágica, en Río Piedras; Libros AC en Santurce; Biblioservices en Hato Rey y en Librería ICP en el Viejo San Juan. Y por Internet en: https://www.librosondemand.com/products/el-sonido-de-la-ausencia

        Pronto, estará circulando: Simplemente Cándido, una compilación de las y mejores y otras nuevas aventuras, del personaje principal de jazambrana.com. Mientras, seguimos trabajando en Tiburón, mi segunda novela. Una historia de política e intriga, tan real, que les parecerá sacada de los periódicos; pendiente a los detalles en jazambrana.com.

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