Cándido y la educación especial

Por: J.A. Zambrana

(Derechos Reservados)

MODELO-EDUCATIVO

ADVERTENCIA: Este Cándido es totalmente impropio y no le caerá bien a nadie. Pero, para quienes no se hayan dado cuenta aún, Cándido no se trata de caerle bien a alguien, se trata de escribirlo como se dice. Me parece que fue Woody Allen quien dijo: “No conozco el secreto del éxito, pero la clave del fracaso es quererle caer bien a todo el mundo”.

          Aunque esta vez no se ha hecho mucho ruido (porque todos andan pendientes a la Junta y a las telenovelas turcas), como todos los años, el infame Departamento de Educación no ha terminado con el “bac-tu-scul” de los chicos de educación especial. Se dirige a ustedes Cándido Notán Especial, soy el padre de un niño con un ligero problema de déficit de atención (ADD). Sus primeros tres doctores decían que la condición era menor y se podía controlar con un buen manejo de conducta y con la atención y ayuda de los padres. Mi esposa comenzó con eso, pero, era demasiado esfuerzo. Un día una amiga que es maestra en una escuela pública de Cataño, me dijo que, con certificar el ADD, cualificamos para ayudas que el gobierno está obligado, por ley, a otorgarnos. Mi esposa no estaba de acuerdo, con su ética de susto, decía que, con un poquito de esfuerzo, conseguiríamos lo que necesitábamos, sin meternos en esos líos ni quitarle el dinero a los que realmente lo necesitan. Además, “¿y si nos descubren y nos arrestan?” preguntaba la muy sonsa. Pero, no le quedó más remedio que seguirme, ya que con insistencia y argumentos fatulos (incluso amenazas de divorcio), logré convertir al chico en toda una víctima.

          Una vez le conseguimos a Candidito la clasificación de “especial”, nos enteramos que al ser padres de un niño necesitado, también somos recipientes de otra gama de servicios carísimos y no disponibles para cualquiera. Aunque mi trabajo en aquellos días era sencillo y de poco esfuerzo, decidimos (decidí porque mi esposa no quería) que un padre debía quedarse en casa, para estar pendiente de nuestro niño necesitado de forma especial. Claro que me quedé a cuidarlo, así puedo dedicarme a otras actividades necesarias para mi. Las tareas domésticas y estudiar con el niño, le toca a mi esposa cuando llega de su trabajo.

          No imaginan las peleas que tengo con el gobierno para que me entreguen las cosas a las que mi hijo necesitado tiene derechos; pero siempre, con perseverancia de parásito las consigo. Ya tenemos dos tabletas electrónicas (de las caras, las de la manzanita). Cuando me dieron la primera, me gustó tanto que me la quedé. Cuando una de las viejas e impertinentes maestras, me preguntó por el artefacto, le dije que me lo robaron y como buen padre de un hijo necesitado especialmente, exigí que le consiguieran otra. Claro que la consiguieron, siempre que los amenazo con demandas, corren como prostitutas al anuncio de una redada. También tenemos derecho a una computadora. Soy quien la usa, porque al nene con la tableta le es más que suficiente.

          Me dan una tarjeta para estacionarme en los espacios azules reservados, viajes a distintos lugares internacionales, a convenciones de niños con necesidades. Y, como es necesario que vaya un adulto, soy yo quien se monta. Claro que me tienen que pagar el pasaje y la estadía. El director de la escuela, un pillo chanchullero, se atrevió a sugerir una vez que, para que ni ellos ni yo tuviésemos gastos adicionales, me podía quedar y no viajar, ya que la maestra asistente, asignada exclusivamente a mi hijo, viaja siempre con él, o que en la alternativa, que se quedara la asistente y viajara yo. Mi esposa estaba de acuerdo, pero yo no, porque cuidando mocosos no disfruto los viajes. Por eso hice del silencio un grato recuerdo, con el grito que le pegué al viejo vago ese. Exigí que se comprara mi pasaje o saldría directo al Tribunal Federal, en donde hay un juez que mete presos directores y secretarios cuando no cumplen. Y, como siempre, los empleados (que parece que no saben mucho de nada) salen asustados y me consiguen hasta lo que no les pido.

          La vez de la segunda tableta, me decían las maestras que primero tenían que comprar una silla para otra niña de la escuela, que no camina y le falta un brazo. Le dije a la maestra hasta las maldiciones que causarían su muerte y le mencioné al FBI y sus investigaciones por Derechos Civiles. De más está decir que la nena se quedó sin silla como por tres meses, en lo que aparecían los fondos. Su mamá la cargó hasta la escuela todos los días y se quedó para moverla y llevarla al baño. Tan fácil que era exigir una ayudante adicional (como hice yo) y demandar para la silla; pero tan puritana como mi esposa, dice que no le molesta esforzarse por el bien de la pequeña. Claro, demasiado buena para ser cierta, seguro que su paciencia responde al buen billete que recibe por la condición de su hija. Si por eso del déficit de atención que tiene Candidito (una cosilla que no se ve), a mí me va tan bien, imagínense como debe irle a ella con un asunto tan visible como lo de su hija. Seguro que le llega una verdadera “tonga” de billetes, el papel de madre abnegada debe ser sólo para recibir esa mini-fortuna, y no me vengan con el cuento de que el ladrón juzga por lo que hace.

          Toda esta odisea se complica hoy, a dos semanas de empezadas las clases, me llaman para decirme que no han contratado a la asistente que cuidará a mi hijo. Saben lo que me dice el muy morón del Director, me sugiere que en vista de que no estoy empleado, y que se supone que me dedico al cuido del niño, que me quede ayudando, que sea yo el asistente por dos semanas. Tengo serias responsabilidades personales e imposibles de delegar: necesito ir al “gym”, recoger la “bike” en el “shop”, visitar a mi masajista (que es eso y más). ¡Que si el record dice que no trabajo! Pero que se cree el viejo prejuiciado este. Clasificarme de esa manera, a mí, un padre de un hijo con severas necesidades. Acepté una vez llevarlo a clases, porque me pagaban un incentivo y la escuela quedaba cerca del gimnasio. Pero, cuando quitaron el incentivo no lo llevé más, para qué cargar millas al carro, si es el gobierno quien se tiene que encargar de eso. Esta vez no hay incentivo por asistirlo, así que le dije que la Corte Suprema de este pueblo, ha dicho que me tienen que pagar por los daños que me causen con sus fallas. No poder entrenar ni visitar la masajista, es un para mi un severo atropello. ¿Qué se cree este viejo director, inquisidor de mierda? Si ese es su trabajo y el del corillo de vagos de la escuela. ¡Que se pongan a trabajar! Porque, aunque yo no aporto nada al país, ellos cobran con el dinero que paga el pueblo y yo soy del pueblo. ¡Soy vago y no aporto, pero tengo derechos. ¡Que viva la educación gratuita!

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