Cándido y el Candidato: Risky “Business-BabyDoc”

J.A. Zambrana

(Derechos Reservados)

PARTE 1

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Terminé la universidad, para complacer al Viejo, porque no es secreto que nunca fui muy estudioso. Siempre preferí el ocio, el asueto; correr las motoras de playa de los guardaespaldas de papá; las fiestas, los “jangueos” con los panas. ¡Que ricos eran aquellos “rave-parties” con música electrónica, neones por todas partes y algún poquito de magia escondida en los baños! Confieso que pasarla bien, era a veces un problema; todos sabían quién era papi. Cuando cualquier imbécil me veía, y salía con un cuento, comenzaba el corre y corre de decirle al escolta, para que ajustara las tuercas del chismoso, o me sacara antes que llegaran las cámaras.

Hace unos años, obtuve un título de “Doctor”, no en medicina, eso es demasiado complicado. Pero en una materia muy moderna y a toda madre; tan novedosa que ni siquiera con el grado máximo doctoral, puedo entenderla. Desde antes de terminar, sabía que ese era el fin de la “teta” de mis padres. Ya el cuento de otro diploma inconsecuente, para mantener el subsidio familiar, tenía cabreado al Viejo. Mi madre, como siempre, me defendió; trataba de mantener al nené cerca de casa. Pero mi padre, con toda su trayectoria y sus logros, siempre nos mide acorde a sus propias escalas. Mis hermanos heredaron sus capacidades académicas. Yo saqué sus destrezas para enredarse cuando habla, bailar sin ritmo, y meter la pata sin pedir permiso ni perdón. Por alguna razón, a la hora de la repartición genética, me tocaron los ojos bonitos, pero le faltó materia al cerebro; me salió un poquito trotón. Estuve pocas centésimas de percentila, para ser parte del grupo de educación especial. Pero la verdad, es que los viejos no me querían en esos grupos, claro que no: “¿Cómo es eso que el hijo del Doctor salió canutito?”.

Llegué donde más lejos podía con mi “IQ” y los poderes familiares; ya no hay muchas alternativas a la vista. Es tiempo de dejar de ser la garrapata de los viejos; de buscar otros idiotas a quienes chuparles la sangre, y que mejor para eso, que un país políticamente idiota. Para que vean que no soy tan bobo, desde antes de terminar la academia, unos buenos amigos del Viejo (a espaldas de este), me trazaron un plan. Y aunque es cierto que soy un mediocre sin iniciativa, con voz lánguida y sin resonancia, no soy tan idiota como todos creen; al igual que la modelo esa que se hizo millonaria con los novios y los divorcios, yo también tengo mi maña. Dice uno de mis alicates populistas, que a la masa le encantan las historias de caudillos y herederos. Yo soy el heredero del mayor de los caudillos. Los seguidores de mi padre, me apoyan sin condición. Son muchos, muy leales, tanto que no les importa que los ridiculicen, ni que los arresten. Mi Director de campaña (experto en hacer $), dice que son como reces en línea hacia su matanza; sin cuestionamientos; con lealtad de la más pura, la del desinformado que no interesa saber. Todos ciegos a la imposible promesa de la anexión total; perros falderos de todo aquel que les haga creer que algún día caerá nieve en San Juan y habrá un Disneylandia en Cabo Rojo.

¡Voy a ser gobernador! Tengo todo lo que necesito: apellido, billetes, mas me dejo llevar por los amigos de papa. Incluso tengo dinero de la familia, invertido en compañías farmacéuticas extranjeras; tan lejanas que nadie las puede ver. En las que experimentan con productos no aceptados por la FDA, que nunca podrán ser importados a la Isla del Encanto; pero eso no importa. Lo que es importante, es que los buenos amigos en las Juntas de Directores, de esas remotas compañías, gracias a mi jugosa aportación económica a la futilidad de sus productos, les dirán a los lobos de la prensa, cualquier mierda que se me ocurra. Quiero decir, que se les ocurra a mi equipo de asesores: desde que me inventé las curas paras el cáncer, para el SIDA, las hemorroides, el mal aliento y otras pestes causadas por los hongos en los pies; y si se pone dura la elección, hasta pueden decir que convierto las panas de pepitas, en píldoras para la disfunción eréctil.

No necesito logros, ni experiencia, mucho menos cacumen. Sólo hace falta sonreír, repetir cualquier estupidez que me ordenen (aunque no sea cierta), estar dispuesto a hacer el ridículo con mucha confianza; y aparecer de vez en cuando en Facebook con la familia. No hay que hablar correctamente, ni dar largos discursos. Con enseñar los dientes, imitar los gestos de papá, y decir con voz baja que liberen a Oscar López, es más que suficiente. ¡Ya gané!

Así que prepárate Puerto Rico, porque vengo a hacerme cargo de los “bisnes”. ¡Soy el “Dr.” Risky Queseyo, y a quién le importa si apruebo este escrito!

PORQUE LO MEJOR NUNCA LLEGÓ,

TIENES QUE VOTAR POR EL HIJO DE PAPI. VOTA:

RISKY “BUSINESS-BabyDoc2016

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