Regresó Mary Poppins (Dick Van Dyke is not a dyke)

J.A. Zambrana

Derechos Reservados

Mary Poppins regresó en diciembre de 2018, en una secuela de la película original filmada en 1964, con un renombrado elenco de artistas y un jugoso presupuesto para hacer realidad la magia.

Emily Blunt, será Mary. Recuerdo cuando la vi haciendo ejercicios en una escena de Edge of Tomorrow, me mordí los labios y pensé que era toda un fantasía de mujer. El apellido Blunt podría tener varios significados, algunos graciosos, ya que se usa para identificar la franqueza de las personas, y también es uno de los muchos nombres que se le da a los cigarros de marihuana enrollados en hojas de tabaco (muy convenientes para conciertos y días de playa).

La lista de famosos, tambien incluye al nuevo «niuyorican-prócer», Lin Manuel Miranda, quien ha tenido varios aciertos, en especial la obra teatral Hamilton, la historia de uno de los fundadores de la nación americana, interpretada a ritmo de Hip-Hop, por latinos, negros y otras «minorías» (nada parecidas al verdadero Hamilton), que ha causado furor entre los «progres» y le ha dado a Lin renombre internacional, lo ha elevándole a nivel de superestrella. Hoy día todos los «easily amused» y los «chic and trendy» y los que dramatizan intelectualidad aman al boricua de la Nueva York. Hace algún tiempo, vi un bootleg de la obra y no me pareció la gran cosa, dicho sea de paso, no me gustó y creo que está sobrevalorada.

El nombre del hijo adoptivo de Vega Alta, es comiquito y juguetón: “Lin Manuel”, prefiero decirle Manuelín, ya que con su ligera y poco complicada personalidad y sus ansias de caerle bien a todos, parece más un Manuelín. Miranda, tiene la responsabilidad de llenar, en escena, los espacio de baile y canto que realizara el gran Dick Van Dyke, en la primera entrega cincuenta y cuatro años atrás.

Curiosa y muy correctamente, la producción incluyó al veterano actor, quien a sus 93 años, hará una pequeña aparición en el filme, en la que baila y canta encima de un escritorio, y parece como si el tiempo no tuviera jurisdicción sobre su cuerpo, ya que se mueve mejor que muchos que tenemos casi 50 años menos.

Nunca fui fanático de Mary Poppins, me costó trabajo verla entera, la verdad es que no me gustan los musicales (excepto Moulin Rouge, pero sólo por la sensualidad de Nicole Kidman y los referentes a la vida de los poetas drogos y bohemios de la Francia del 1900). Sí simpatizo con las ejecutorias y personalidad de Mr. Dick; algunas de sus caracterizaciones me hicieron reír hasta la lágrima y lograron que me cayera bien el tipo. De niño, encontré su nombre curioso y cómico. Cuando, ya de adulto, conocí las otras acepciones (no oficiales) de las palabras “dick” y “dyke”, el nombre me pareció más cómico aún y, en esta era de sensibilidades extremas y ridículas, me parece muy valiente que lo siga llevando con la misma sonrisa y orgullo.

Su verdadero nombre es Richard Wayne Van Dyke. «Dick», es un apodo común para todos los Richard; como lo es Pepe para los José o Chucho para los Jesús; sólo que, en el slang americano, “dick” es una de las tantas formas de llamar al pene u órgano sexual masculino; de igual manera, “dyke”, es uno de las formas de llamar a las damas lesbianas. Creo que podemos tener una idea clara de la bizarra combinación que ambas palabras le dan al nombre.

Estoy seguro que, si Van Dyke tuviese 25 años, y anduviera buscando suerte en el mundo del espectáculo, con la sensibilidad mutante que impera en estos tiempos, sumada a ese genial nombre, jamás hubiese logrado la fama ni el éxito que tuvo hace casi 60 años atrás, cuando las cosas se llamaban por su nombre y no había MeToo ni acomplejados escondidos que critican y condenan a través de las redes sociales. No cabe duda que hoy día, la valentía que no da la naturaleza, la presta el internet; estoy seguro que algún chango herido organizaría un boicot masivo para censurar al señor Dyke, alegando que, con su vulgar nombre, se burla de las “minorías”, y que es sólo un macho empedernido, que, para demostrar su poder y sus reservas de testosterona (con las que se solidifican los cimientos del patriarcado), adoptó como nombre un referente de la palabra pene; no debemos tener duda de que lo crucificarían.

Es una alivio que el señor Van Dyke sea un héroe de otro tiempo, de otra era en que las personas estaban hechas de un material más resistente a las trivialidades, y tenían que hablar de frente y afrontar las consecuencias de lo dicho.

No creo que vaya al cine a ver a la Poppins, ya dije que detesto los musicales; pero, me alegra mucho que, todavía, aun en estos turbulentos, pero, pusilánimes tiempos, el gran Dick Van Dyke con su simpático nombre y su encantadora sonrisa, siga cosechando aplausos del mundo.

Hace un par de meses, colaboré (por 5 prácticas y dos presentaciones) con una agrupación de música pesada (que por consideración a sus integrantes no nombraré), y entre las canciones que compuse le dediqué una al señor Van Dyke, en la que, al igual que en este escrito, hablaba de lo complicado que sería llevar su nombre en la sociedad actual. Pero, la pieza no cumplió con los parámetros del trash (basura) metal de los «líderes» de la banda.

Como un ligero aperitivo, mis queridos lectores, aquí les dejo el coro, léanlo a ritmo de Blues (como fue concebida en mi cabeza) o en el ritmo que les de la gana, estoy seguro que les gustará: “Dick Van Dyke is not a dyke, not a dick, just a guy, they call him Dick Van Dyke

¡Au revoir, Monsieur Mother Fuck*r!

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