KAIROS: Mucho más que otro disco de rock

El grupo de rock pesado Calamity, lanzó su segundo disco titulado Kairos. El título no podía ser más acertado, ya que la palabra kairos se refiere al “momento propicio para una acción”, y que mejor momento para lanzar un disco, después que la banda dejó claro al público, tanto en tarimas boricuas y estadounidenses, que tienen todo lo que necesitan para llevar su música a otro nivel y bien que lo han logrado; no se da en el vacío que Ramón Ortiz (el Zack Wylde boricua) los ha apadrinado.

No soy el mejor fanático del llamado “trash(basura)-metal”, dicho sea de paso, una vez me botaron de una banda de “trash”, porque me gustaba más Pearl Jam que Metallica (por eso y porque soy muy “alfa”). Mi falta de gusto por el género, tal vez se deba a que hay demasiados músicos basura tocándolo, siempre me pareció un refugio para mediocres que no conocen de ritmos ni melodías y que, por no poder tocar una guitarra acústica correctamente, se refugian en los power-chords y el exceso de distorsión, para presentar composiciones vacías, sin calidad interpretativa, con letras que no apelan a nada, carentes de sentido y ajustadas a la ínfima capacidad musical de sus “interpretes”, tan repetitivos que con escuchar una sola canción, sientes que las escuchaste todas; un patrón común en la mayoría de las bandas locales del género del basura-metal, que hacen que la escena parezca un eterno Talent-Show para amateurs.

Calamity rompe con todos esos moldes y crea el suyo propio, forjado con una sólida aleación de metal pesado. Es evidente que hay músicos de Conservatorio en Calamity, estos muchachos sí que tocan y dominan sus instrumentos; las guitarras están acopladas y afiladas hasta la última nota, son notables las largas horas ensayando; el bajo siempre está presente y ni hablar de la batería tocada con mucha energía y precisión, mis respetos a Eduardo Acevedo, una especie de John Bonham boricua. Kairos, es también el título de un disco de Sepultura, me pareció muy valiente y osado que se atrevieran a utilizarlo y, aunque ya he escuchado malas críticas (de los “académicos” que hacen que el metal no progrese) acerca del título, me parece un excelente nombre, con unas implicaciones particularmente filosóficas, que no son usuales en el género.

Sigo a Calamity desde hace varios años y, con una amplia sonrisa, puedo decir que, con Kairos, se establecen como una de las mejores bandas (sino la mejor) de su género en Puerto Rico. El arte de la carátula del cd está muy elegante y profesional, y el sonido es de la fidelidad y la calidad de todo buen disco. Lo que más interesante me parece de esta producción, es que se atrevieron a romper con algunas “reglas idiotas” no escritas de los puristas del metal. Por ejemplo, grabaron canciones en español, una de las estupideces capitales de muchos metaleros, es que prefieren grabar en inglés, aunque no lo entiendan y escriban todo tipo de disparates. También se atrevieron a grabar una “balada” (o lo más cercano a una), titulada “El Vacío” que, personalmente, es uno de mis temas favoritos.

En temas como “The Change” (otra de mis favoritas), demuestran que, con destreza y sentimiento, se puede tocar pesado y ser melódicos a la vez. “Killer Vibes”, “Guerreros” y “Overruled”, entre otros, son temas poderosos y dejan claro que estos chicos se toman la música muy en serio. La canción “Kairos” tiene tantos cambios, que me recuerda a Metallica en sus mejores tiempos. Un disco que se puede escuchar de principio a fin, sin sentir que se escucha una repetición de la misma canción. El último tema de Kairos, se llama “The Handlebar”, nombre del conocido bar en la avenida Kennedy en donde presentarán el disco, con un concierto para sus fanáticos y todo el que quiera conocer su música; de más está decir que allí estaré.

Mis respetos y buenos deseos de éxito para Berny Santos, Gonzalo Ortiz, Fernando Rivera y Eduardo “La Locomotora” Acevedo. En tiempos en que la música es asediada por el auto-tune y la mediocridad, en que las “estrellas” se fabrican en reality-shows, es refrescante y esperanzador, encontrarse con una banda tan joven y talentosa, que se ha formado en el old-fashioned-way, como se forman los grandes, con trabajo, tarimas y sudor, pero sobre todo, con esas “ganas incansables de poder llegar más allá del tiempo”.

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